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Cómo hablar de series que no has visto

Mad Men

Tenemos que asumir que en algún momento en los últimos años se nos ha olvidado la capacidad de hablar de otro tema que no sean las series, la hemos perdido por el camino. Así que, mientras la recuperamos, hablemos sobre el principal problema del seriéfilo de hoy en día: las series que no ve

Te ha pasado más de una vez: has estado sentado en una cena, tranquilamente, hablando de cualquier cosa interesante, o no, y de repente, de detrás de una esquina, ha aparecido en boca de uno de los que antes de que empezara esa conversación considerabas tus amigos el nombre de una serie que no has visto. Pasa, y cada vez pasará más en este mundo en el que desde que se habla de series se producen más series de las que una persona con una vida normal puede llegar a consumir (un saludo para los que no salís de casa para conseguirlo). Las series se han convertido en un medio de socialización, es evidente, sirven tanto para salvarnos de un silencio eterno como para estrechar lazos con gente con la que sólo tenemos eso en común. Y cuanto más nos unen a los que nos rodean –¡oh paradoja!– más nos separan. Aunque en una comida familiar tu tía quiera abrazar tu aislamiento hipster anunciando que ha empezado a ver The Walking Dead, ese cálido abrazo puede convertirse en una puñalada trapera si resulta que no has visto The Walking Dead. Así que surge el debate: ¿se puede hablar de las series que no hemos visto?

Hay que empezar por el principio: ya lo dice Pierre Bayard en el libro Cómo hablar de los libros que no se han leído, lo primero es asumir que van a ser muchísimos más los libros que no-leamos que los que vayamos a leer, y el acto de lectura de un libro puede llegar a ser considerado como de una injusticia infinita hacia todos aquellos que terminan en el saco de la no-lectura, un acto que también tiene que ser activo y no pasivo. Lo mismo pasa con las series, aunque conviene también distinguir qué es exactamente esto de ver una serie, y mucho más hoy en día. Echemos la vista atrás y recordemos aquellos tiempos mozos en los que veíamos una, dos o tres series como mucho, entre cuatro y siete era de frikis y más de siete no se podía porque SIMPLEMENTE NO EXISTÍAN. En aquellos tiempos, digo, las seguíamos con fidelidad, dedicándonos en cuerpo y alma a ellas. Hoy en día, en cambio, hay que organizar las agendas para darle cabida a todas las que queremos ver. Antes dábamos amor del bueno a nuestras compañeras de viaje y ahora apenas somos capaces de fingir cierta pasión entre tantas amantes pasajeras.

Por eso vale la pena empezar preguntándonos si sabemos distinguir quién ha visto o no una serie. En mi caso, por ejemplo, recuerdo las tramas y subtramas de la gran mayoría de los capítulos de Friends y puedo recitarlas con sólo oír el título, y en cambio soy incapaz de enumerar más de tres tramas de Modern Family, aunque también la haya visto entera. ¿Vemos todas y cada una de las series por igual? Lo dudo, y de hecho aunque cada vez consumamos más series, son cada vez menos las que realmente vemos.

Friends

“¿Sabe más de Perdidos el fanático seguidor que vio un capítulo tras otro metido en una cueva y nunca los comentó con nadie, o el que se leyó todas las teorías que corrían por internet?”

Por otro lado, no deja de ser interesante el plantearnos que no todo lo que tiene que ver con las series pasa en las propias series. Aquí estamos los que, en lugar de dedicar todo nuestro tiempo libre a ver series, escribimos artículos sobre ellas y ahí estáis los que los leéis y comentáis; están también los guionistas y creadores, están las locuras que se generan alrededor de ellas y que afectan a la propia serie de alguna manera. Y es que, ¿sabe más de Perdidos el fanático seguidor que vio un capítulo tras otro metido en una cueva y nunca los comentó con nadie, o el que sin haber visto más de 20 minutos de la serie se leyó todas las teorías que corrían por internet? ¿Puede opinar tanto sobre Show me a hero el fan acérrimo de David Simon antes de darle al play al primer episodio como el que no tiene ni idea de quién es David Simon y pilla la serie un día por televisión?

Show me a hero

Oímos hablar de series que no hemos visto, nos vemos involucrados en conversaciones sobre ellas, y tenemos que decidir qué hacer al respecto, mas cuando la serie de moda, esa que tienes que conocer por narices, cambia cada 2×3. Y yo creo que hay un par de consejos a tener en cuenta en estas situaciones:

1. No mentir. Para tener una opinión sobre una serie no hace falta haberla visto, y para rebatir esa opinión con un simple “pero si no la has visto” no hace falta ser muy listo. Con ello no quiero decir que se deba ni que se pueda substituir el hecho de ver una serie -ni de leer un libro, ni de ver una película, esa experiencia personal, intransferible y necesaria- con leer comentarios u opiniones ajenas y crear ideas abstractas sobre ellas, pero sí es complementario. Además, que tire la primera piedra el que NUNCA JAMÁS ha dicho algo, aunque fuera un dato que había leído en el titular de un artículo que ni siquiera abrió, sobre un libro, peli o serie que no ha visto en realidad. Y que incluso ha admitido haber visto tal o cual peli o haber leído tal o cual libro cuando NO LO HABÍA HECHO (¿vienen a tu cabeza tus “uy, sí que la he visto, hace mucho, ¿me recuerdas de qué iba?” y tus “tendría que volver a verla, la verdad”? bien). Quizás es hora de que nos quitemos los prejuicios de encima (“¡por dios, que alguien le detenga, que no ha visto Mad Men!”) y nos atrevamos a confesar que, como seres humanos que somos, no hemos visto TODO lo que se supone que tendríamos que haber visto (gracias, Jose Galbis, por haber abierto la veda).

2. Conocer las series que no has visto. Hay que estar actualizado, informado, saber qué se hace y qué se ve ahora mismo. Eso no significa que tengas que dedicarte a repasar cada día la parrilla y las opiniones de los gurús de la tele como si no tuvieras nada mejor que hacer (que, por cierto, no te engañes, no lo tienes, que hemos quedado que no íbamos a mentir, y procrastinar es la actividad del siglo XXI por excelencia), ni que tengas que sintonizar los canales de un país que ni ubicarías en el mapa. Quiere decir que si oyes hablar en repetidas ocasiones de una serie que no conoces, no está mal que te la apuntes y busques al menos de qué va, o que si has descartado para siempre de tu lista de propósitos de año nuevo, esa en la que dejar de fumar e ir al gimnasio han quedado obsoletos, una serie determinada, al menos sepas por qué la has descartado.

The walking dead

3. Conocer las series que sí has visto. Parece obvio y no lo es. Cualquier conversación sobre una serie que no has visto tiene relación, al final, con alguna serie que sí has visto, y siempre puedes encontrar un vínculo entre ellas que te permita llevar el diálogo hacia un terreno en el que te sientas más cómodo. Si ni siquiera sabes qué pasa en las series que ves, ¿cómo vas a enfrentarte a los locos despiadados en los que se han convertido tus amigos que lo único que quieren es dejarte en evidencia siempre que pueden haciéndote sentir el más ignorante de todos ellos? (un saludo a todos mis amigos).

4. Conocerte a ti mismo. No sé en qué momento este artículo se ha convertido en un manual de autoayuda pero, mira, lo ha hecho. El tema es que, en relación con el punto anterior, no sólo tienes que saber qué pasa en esas series, sino lo que te gusta y lo que te disgusta de ellas, lo que te atrae de las series en general, lo que te mueve y lo que te emociona a nivel cultural. En el libro antes mencionado de Pierre Bayard se habla de tres tipos de bibliotecas: la biblioteca colectiva (la que compartimos todos, la de los libros físicos como tal), la biblioteca virtual (el espacio de discusión, en el que el libro físico pierde importancia en favor de las opiniones y de las perspectivas de los que intervienen en la conversación sobre los libros) y la biblioteca interior, esa que pertenece a cada uno de nosotros y que se convierte en el puente entre la biblioteca colectiva y la biblioteca virtual. Nuestra opinión afecta a la propia serie, incluso antes de verla (¿cuántas veces habéis empezado una serie con una idea preconcebida que, o bien la serie os ha confirmado o bien os ha desmentido, pero que en cualquier caso ha afectado a la manera en que veíais la serie?), y también nuestra propia historia (¿o todavía no te has dado cuenta de que las series que ves, los libros que lees, la música que escuchas, algo tiene que ver contigo?).

Master of None

5. Conocer a aquellos con los que hablas. Tu historia afecta tanto como la del resto de personas que forman parte de la conversación, hayan o no hayan visto la serie en cuestión (¿o crees que eres el único que habla de series que no ha visto?), y por ello todo aquello que dicen sobre esa serie tiene que ver con el resto de series que ven o no ven, con el resto de cosas que hacen o dejan de hacer, con todo aquello que, en definitiva, son.

En definitiva, se trata de que asumamos que a todos nos gusta ver series, sí, pero nos gusta más hablar sobre ellas, y en cada conversación sobre una serie se abren infinitas oportunidades para descubrir cosas sobre las series que vemos y, también, sobre las series que no vemos. Aprovecharlas es una opción, cambiar de tema diciendo “sí, sí, claro que la he visto, pero tendría que volver a verla, la verdad” y acto seguido fingir que tienes el móvil lleno de whatsapps que te afectan profundamente (y alternar gestos muy evidentes de alegría, preocupación y duda para que parezca que los lees) es una alternativa. Y esperar a que cambien de tema (BUENA SUERTE CON ESO) es una otra. Todas ellas estarán incluidas en mi siguiente artículo, un artículo que probablemente no leerás nunca pero que mencionarás muy tranquilamente en cualquier conversación sobre el tema, bajo el título “VALE YA DE SERIES, LO DIGO EN SERIO, Y PONE EN SERIO Y NO EN SERIE, QUE ESTAMOS TODOS ENFERMOS YA, DE VERDAD”.


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