dixit | Sobre el frustrante final de 'Penny Dreadful'

La traición a Vanessa Ives

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Aquellos que no hayan visto el último capítulo de 'Penny Dreadful' abstenerse de leer este artículo. Aquí, se ha venido a hablar del decepcionante final reservado a Vanessa Ives, un personaje que ha pasado del empoderamiento femenino a obedecer mecanismos patriarcales.

Aviso a los lectores: aquellos que no hayáis visto el final de Penny Dreadful absteneros de leer este texto. Lo que sigue es un spoiler en toda regla sobre los últimos capítulos de la inquietante serie de Showtime. Pero no se va a hablar de lo abrupto de ese final, del coitus interruptus de esta tercera y última temporada, sino del retorno a mecanismos patriarcales que han doblegado a su personaje principal, Vanessa Ives.

HIC SUNT SPOILERS

Ms. Ives es uno de los personajes femeninos más interesantes e intensos de nuestro tiempo. Es uno de esos caracteres creados desde el empoderamiento femenino que caracteriza algunas de las últimas ficciones contemporáneas, algo que era (y es) sin duda necesario y que ha sido más que bienvenido. Vanessa es un personaje trágico que lucha y crece en autoconocimiento. Algo aplicable a todos los protagonistas de esta serie, donde “al objetivo de cada personaje se antepone su necesidad de vencer al olvido y saber quién es […] el afán de hablarse a sí mismos para saber quiénes son, para poderse reconocer” (Pintor, 2014: 28), pero que se aplica quizá más que en ningún caso en el de Ms. Ives, que ya desde la primera temporada se sabe una pieza clave en la lucha entre el bien y el mal1; continúa construyendo su identidad en la segunda temporada casi en una suerte de bildungsroman que pasa por el peregrinaje a la cabaña de la bruja Joan Clayton2; y que se concluye con la necesaria pregunta del sacerdote: “¿Realmente quieres ser normal?”. eva-green-vertical-traicionando-a-miss-ives-raquel-crisostomo-penny-dreadful-serielizadosPorque Vanessa es muchas cosas menos eso, y por ello precisamente le encanta al espectador, por ser una heroína contemporánea imperfecta, fuerte y luchadora, pero siempre atormentada por la cuestión de la normalidad. En dos sentidos: normalidad en cuanto a los parámetros de la época (recordemos su internamiento en el sanatorio para convertirla en “complaciente y obediente, como las demás mujeres”3; y por supuesto normalidad en cuanto a no ser una presa disputada incansablemente entre Lucifer y su hermano Drácula, uno en busca de su alma y el otro dando caza a su cuerpo). De hecho, la primera oferta de caída al abismo de la oscuridad ya aparecía en la primera temporada, de la mano (del cuerpo) de Dorian Gray. Porque es el momento sexual, el momento de liberación orgásmica de Vanessa con Dorian el que marca el momento de la primera posesión en lidia con lo maligno4 (y anteriormente su primera experiencia sexual con el prometido de su amiga Mina había sellado el inicio de la caída, como manda la moral victoriana).

El tercer round se plantea con la seducción de Drácula, una oferta difícil de rechazar para una hastiada Vanessa, de vuelta de luchas con el mal, tortuosas posesiones y sobre todo anhelante de ser ella misma, algo que Drácula detecta con habilidad y para lo que la anima.5 “¿Me aceptas?”, concluye interrogativo. Y Vanessa replica: “Me acepto a mí misma”. Ése es el punto de no retorno definitivo. Y lo que se convertirá en un rotundo epitafio. Vanessa en un ejercicio de empoderamiento máximo se asume, se acepta, se perdona y se refunda para poder ser ella, sin ambages ni demandas ajenas. Esa aceptación es la que la hace poderosa. Se trata de una respuesta serena, pensada, reflexionada que completa al personaje y completa un recorrido lógico.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, en el episodio final el team Ives acude en su rescate (“Where is Vanessa Ives?”) aunque, no olvidemos, ella está donde quiere estar tras esa última toma de una decisión.

Curiosamente el grupo de amigos particularmente masculinizado está compuesto por su anterior amante Ethan Chandler, la figura paterna de Sir Malcolm, el amigo Frankenstein, y dos figuras pertenecientes a la nueva feminidad fálica del postfeminismo mediático (Rodal, 2012: 91), Catriona Hartdegen y la doctora Seward, ambas carentes de cualquier elemento feminizador. Y mientras tanto, Vanessa espera envuelta en un vaporoso vestido y rodeada de velas (casi) en un altar sacrificial el beso mortal de Ethan, el héroe que para salvarla de sí misma debe matarla: “Please, Ethan. Let it end. With a Kiss. With love”… A lo que de nuevo nos viene a la cabeza: “Where is Vanessa Ives?”

 

Bibliografía

Pintor, I. (2014). El sueño de los héroes, La Vanguardia, 17 de septiembre, 28.

Rodal, A.B. (2012). Modelos de mujeres fálicas del postfeminismo mediático: Una aproximación a Millenium, Avatar y Los juegos del hambre. Anàlisi: Quaderns de comunicació i cultura, 2012, 47, 91-112.

 

1 “She’s damned”, le dice el indio apache Kaetenay a Ethan.
2 “I’m like no others. That’s why I’m here” (“The nightcomers”, 2×03).
3 “It’s meant to make me normal. Like all the other women. Compliant and obedient. A cog in an intrincate social machine and no more”. Pero hasta Renfield, el fiel asistente de Drácula sabe que “She’ll never be happy sitting by the fire in your loveless mansion. Let her be. And let this wretched world end and let another begin. The world of the night. The world of the bat and the owl and the spider. The blessed dark”. (“The blessed dark”, 3×09).
4 “With you, I am not the woman I want to be” [1×08]).
5 “There’s one monster who loves you for who you really are. And here he stands. I don’t want to make you good. I don’t want you to be normal. I don’t need you to be anything but who you truly are. You have tried for so long to be what everyone wants you to be. What you thought you ought to be. […] Why not be who you are instead? […] I don’t want you to serve me. I want to serve you. […] Do you accept me?” (“Ebb tide”, 3×07)


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