dixit | La secuela de 'The Good Wife'

‘The Good Fight’, guía práctica para entender el ‘trumpismo’

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El matrimonio King vuelve con la secuela de 'The Good Wife' haciendo lo que mejor se le da: explicar con elegancia el funcionamiento de la sociedad norteamericana.

Robert y Michelle King supuran política. Bajo la apariencia de un simple drama legal, con The Good Fight el matrimonio dispara con bala en cada paso que da y no deja tema de actualidad sin tocar, por muy espinoso que sea. Ya lo hicieron en The Good Wife y en Braindead, en la que dieron rienda suelta a su humor socarrón y surrealista. Es el momento de darle caña al mundo oscuro que nos trae la dorada melena de Trump y repartir tortazos a mano abierta.

Una de las señas de identidad de The Good Wife era saber trasladar a la pequeña pantalla, de forma entretenida y atractiva, los eventos que marcaban la actualidad social y política de Estados Unidos. Con el spin off no han perdido el toque, es más, lo han mejorado y no dan puntada sin hilo. Quién iba a decir -cuando oímos los planes para alargar la vida del ecosistema de Alicia Florrick– que la jugada les iba a salir tan bien.

“‘The Good Fight’ explica casi mejor que cualquier periódico qué está pasando en el mundo y cómo Trump ha acabado en la Casa Blanca”

El giro político en Estados Unidos les juega a favor, a pesar que el matrimonio no lo había contemplado en sus planes. La recién inaugurada Era Trump marca la evolución de la serie desde el episodio piloto, en el cual vemos a una Diane Lockhart, el estandarte del progresismo en el universo King, aguantando la respiración tras conocer la victoria del magnate. La escena, con esplendorosa Christine Baranski, no era la que originalmente se había grabado, de la misma manera que el triunfo de Trump no es lo que los medios de comunicación habían vaticinado. La idea original era que Diane se retirara después de la victoria de Hillary Clinton, ya que su triunfo sería la confirmación de que, por fin, se habría roto el último techo de cristal. Los King tuvieron que demostrar su agilidad mental modificando de la noche a la mañana buena parte de los guiones de la primera temporada. El resultado es un nuevo drama adulto que explica casi mejor que cualquier periódico qué está pasando en el mundo y cómo el expropietario del concurso Miss Universo ha acabado en la Casa Blanca.

La nueva presidencia se hace sentir en esta primera temporada poniendo el foco en el contexto que rodea la subida al poder de Trump: las fake-news, el movimiento Alt-Right (el controvertido “grupo de choque” ultraderechista que defiende y enaltece la figura de Trump) con sus trolls en Internet, la guerra contra el terrorismo o los conflictos raciales de Estados Unidos. El caso más evidente es el personaje de Felix Staples, interpretado por John Cameron Mitchell, un alter ego de Milo Yiannopoulos, antiguo editor de Breitbart News, medio de comunicación de la Alt Right que apoyó sin embates la carrera presidencial del magnate. Aunque la serie está claramente virada hacía las ideas progresistas, consigue hacer un retrato de la realidad que no cae en maniqueísmos o absolutismos. Nuestra opinión se va construyendo junto a la de los personajes principales y, como ellos, también nos acabamos preguntando si estamos en el bando de los que libran una batalla justa.

The Good Fight consigue que no echemos de menos a Alicia Florrick en ningún momento. Maia Rindell, nuevo personaje, es una más que digna sucesora de la abogada. Si en el caso de Alicia la historia tenia ecos del matrimonio Clinton, en el de Maia nos transporta a la estafa piramidal de Bernie Maddof. La arropan otros personajes maravillosos como la pareja poderosa formada por Adrian y Barbara, que está a la altura de la que formaban Diane y Will en la serie madre, y nos ha vuelto a demostrar que una mujer de más de cincuenta años puede ser interesante si se explica la historia adecuada.


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