dixit | Sobre 'Guía del autoestopista galáctico', de Douglas Adams

El sentido de la vida, el universo y todo lo demás

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En la década de los ochenta, Reino Unido vio nacer al hijo ilegítimo de ‘Doctor Who’ y los ‘Monty Python’, que tuvo por nombre ‘Guía del autoestopista galáctico’. Douglas Adams, su creador, fue capaz de convencer a los directivos de la BBC para convertir su loco invento en una serie radiofónica y luego televisiva, y que pasaría a ser una de las mejores producciones de ciencia-ficción del siglo.

La Guía del autoestopista galáctico define el año 1977 como uno de los más importantes de la historia del universo. En el apartado “La Tierra”, se incluyen varios datos: es el año en el que se estrena Star Wars, y también cuando Elvis Presley abandona la Tierra y decide embarcarse, sin éxito, en la búsqueda de Magrathea, aunque muchos historiadores humanos relacionen su muerte con un ataque cardíaco. También se edita Heroes, de David Bowie –otro alien encubierto-, nacen Quequé y John Cena, y, en una pequeña nota al pie, se incluye el dato de las primeras elecciones democráticas en España, cito textualmente, “en cuarenta años o así”.

En 1978 se emite por radio la loca aventura de Arthur Dent, que ante el éxito se convierte primero en libro (1979), dos años después en serie, también de la BBC, e incluso en una trilogía de cinco libros, con videojuegos incluidos de por medio. El mismo Adams se encarga de los guiones de la adaptación televisiva, así como de los borradores de la película con la que sueña y que ansió hasta su muerte y que en 2005 se engargarían de destrozar con la cinta protagonizada por Martin Freeman: un inexplicable meh que incluye, eso sí, momentos verdaderamente brillantes –los que son fieles a la historia original de Adams-. Pero dejémonos de informaciones y datos objetivos, que es lo único que nos daría la Enciclopedia Galáctica, el segundo libro de consulta más importante del universo después de la Guía, y vamos a lo que nos interesa: el sentido de la vida, el universo y todo lo demás.

“Van a comenzar la demolición de la Tierra para construir una autopista interplanetaria”

Guía del autoestopista galáctico es ante todo un despropósito sin sentido, y menos vergüenza, con una imaginación chorreando por los cuatro costados. Arthur Dent es un descendiente del mono que habita en el planeta Tierra y que, una buena mañana, se encuentra con que van a demoler su casa para construir una vía de circunvalación, y no puede hacer nada por evitarlo porque los papeles que le informaban de ello estaban disponibles para su consulta en las oficinas del ayuntamiento, eso sí, en el sótano. Al mismo tiempo, su amigo Ford Prefect va a su encuentro y le anuncia (con seis pintas de cerveza) que él no es humano sino natural de Betelgeuse, y que, además, la Tierra va a ser destruida. Algo después, una nave constructora vogona –una de las especies burócratas más desagradables del universo- anuncia que va a comenzar la demolición de la Tierra para construir una autopista interplanetaria. Ante las súplicas unánimes de la raza humana por su salvación, el vogon se queja, diciendo que los informes llevaban cincuenta años en Alfa Centauri. ¡Y todo esto ocurre en apenas quince minutos!

guia del autoestopista

La serie de la BBC Radio fue emitida entre 1978-80.

Describir minuciosamente las virtudes de Douglas Adams y sus ingenios con el lenguaje, la imaginación y las ocurrencias satíricas del mundo que le rodeaba se antoja como una tarea casi imposible, más aún sin desgranar spoiler a spoiler todo lo que sucede en sus obras, donde Guía del autoestopista galáctico no es una excepción. No tanto por la complejidad de sus tramas, sino más bien por los espectaculares mundos que era capaz de proyectar, y también por su inusitada habilidad creativa, parece más adecuado estructurar un análisis de Guía a través de los dos puntales que la sostienen: en primer lugar, los Monty Phyton, y en segundo, Doctor Who.

El primero, quizás el más anecdótico pero no por ello menos significativo, es la estrecha relación que Adams mantuvo con el embrión del grupo humorístico más mítico de la televisión británica: los Monty Python. En grupos de teatro universitarios, como Footlights, coincidieron figuras de la altura de sir Eric Idle, John Cleese, el difunto Graham Chapman y el propio Adams, y allí se gestó el que sería el equipo responsable de clásicos como Se armó la gorda, Los caballeros de la mesa cuadrada o La vida de Brian. La influencia de los Python es fundamental para entender el humor de Adams, que bordea la línea de lo absurdo y lo satírico al mismo tiempo, y convive constantemente con el ridículo. De hecho, Adams participó en el guión de “Party Political Broadcast on Behalf of the Liberal Party”, el último capítulo de Monty Python’s Flying Circus. Fragmentos de Guía del autoestopista galáctico, como el de la horrible poesía vogona, bien podrían haber sido continuaciones o complementos a sketches como el de El chiste más gracioso del mundo.

“Parte del equipo artístico de ‘Doctor Who’ participó en la creación de los decorados”

Además de los irreverentes y fundamentales gags y recursos humorísticos de los que Adams se nutrió para su obra, Guía del autoestopista galáctico es inentendible sin Doctor Who, otro de los grandes clásicos británicos, y que acaba de anunciar que la actriz Jodie Whittaker será la próxima doctora. Y no sólo en lo que se refiere a ciencia-ficción. Muchos de los escenógrafos, maquilladores y parte del equipo artístico de Doctor Who participó en la caracterización y la creación de los decorados que se utilizarían para Guía del autoestopista galáctico, que también se asemeja en lo argumental a Doctor Who: se narran las aventuras espaciales de una variopinta pareja, un humano (Arthur Dent o las ayudantes del Doctor) y un ser humano que no es tal (Ford Prefect o el propio Doctor). Para más inri, también Adams participó en varios guiones de Doctor Who, en cuyo episodio “City of Death” que él coescribe aparece en forma de pintoresco detective el germen de otra de las historias de Adams: Dirk Gently.

La Guía del autoestopista galáctico también tiene señalada otra fecha a la que da especial importancia. El once de mayo de 2001 está repleto de caras tristes y alguna que otra dedicatoria que rodean el nombre de Douglas Adams, conmemorando en una triste pero emotiva dedicatoria a uno de los creadores más irreverentes y multidisciplinares que nos ha brindado Gran Bretaña durante el pasado siglo. Desde ese año y en su honor, se sigue celebrando cada 25 de mayo el Towel Day, festejando la utilidad de las infravaloradas toallas, fundamentales para cualquier autoestopista galáctico que se precie. Porque la toalla es, por inverosímil que parezca –si algo puede ser inverosímil a estas alturas-, un elemento de estabilidad y control sobre uno mismo. En palabras de Ford: “¡Que no cunda el pánico! Y no olvides tu toalla”.


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