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Sobre los insondables límites del humor

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'Seinfeld', 'Padre de Familia', 'The Office'... Repasamos los momentos clave de la televisión donde los límites del humor han suscitado más polémica. Expuestos los casos, que sea el lector quien decida dónde están esos límites.

Año 2021. Se estrena una serie, en formato de sitcom, de nombre “9/11… or not”. En ella, un variopinto elenco de estrambóticos personajes, incluyendo tres terroristas de Al Qaeda, se encuentran en una avión el día 11 de septiembre de 2001 cuyo destino es impactar contra las Torres Gemelas. Con divertidas tramas y gags hilarantes, al final de cada capítulo el fatal destino del avión siempre queda pospuesto gracias a las travesuras de los pasajeros o la incompetencia de los secuestradores del vuelo (su chascarrillo “Debería haberme cogido la optativa de Inmolación en vez de la de Secuestro de Aviones” se convierte en un clásico instantáneo). Risas enlatadas por doquier, por supuesto. Esta idea suena demasiado dura, ¿verdad? Se extralimita. Solo han pasado veinte años del atentado en el World Trade Center. Too soon, coño. O quizá no.

Corría el año 1965 cuando la CBS estrenó una sitcom llamada Hogan’s Heroes, cuyo argumento es simple pero extremadamente arriesgado: un grupo de soldados estadounidenses se encuentran presos en un campo de prisioneros nazi durante la II Guerra Mundial, desde donde sabotearán y llevarán a cabo acciones de espionaje contra el ejército alemán. Aunque todos los gags son de humor muy blando, me parece increíble que únicamente veinte años después de terminar la catastrófica guerra alguien tuviera las narices de escribir, producir y emitir una serie en clave humorística cuyo escenario principal fuera un campo nazi, con todas las connotaciones que ello conlleva. Pero hay una vuelta de tuerca más: los actores que interpretan a los nazis en la serie -presentados como unos zopencos sin parangón- son todos judíos. Uf. 1965, amigos. Relean ahora el primer párrafo del artículo. Si esa idea parece precipitada, ¿qué me dicen de lo mismo pero con un Holocausto por medio? Por mucho que en Hogan’s Heroes los protagonistas sean soldados prisioneros y no judíos condenados a las cámaras de gas, estaremos de acuerdo en que es un caso claro donde se coquetea con los famosos límites del humor. Y de esto precisamente, de los límites del humor en el mundo de las series, es sobre lo que hablaremos hoy.

Evidentemente no se pretende establecer con este artículo CUÁLES son los límites de humor; eso no lo puede hacer ni la Audiencia Nacional, por muchas condenas que haga tan sonrojantes como la del Caso Cassandra. Se trata de un repaso a momentos clave en la historia de las series donde el asunto de los límites del humor ha salido a la palestra y ha suscitado polémica. Expuestos los casos, que sea el lector quien decida dónde están esos límites. Spoiler: dicha decisión no es universal, así que absténgase de intentar imponerla a los demás.

louis ck límites del humor marc renton serielizadosDice Mel Brooks en el fantástico documental The Last Laugh -estrenado en exclusiva en nuestro país durante la pasada edición del Serielizados Fest– que “cuanto más delicado es el tema sobre el que bromeas, mejor debe ser la broma”. En otras palabras, si haces una broma sobre el Holocausto debe ser buenísima porque de lo contrario lo único que causarás es dolor inútil. De eso sabe un rato Sarah Silverman, famosa cómica estadounidense -y judía- cuyos monólogos sobre el exterminio nazi son tan duros de escuchar como desternillantes. De esos que te descojonas pero no sabes dónde mirar, nervioso y avergonzado por reírte del asesinato sistemático de millones de personas. The Sarah Silverman Program fue su propia serie, emitida entre 2007 y 2010; con un formato parecido al de Louie, bromeaba sin piedad sobre temas tales como el aborto, el racismo o la homosexualidad -temas en los que incidiremos más tarde-, pero con gracia. Mucha gracia, de hecho. Un ejemplo muy distinto es el de Tosh, otro cómico estadounidense y padre de la serie animada Brickleberry, una especie de Padre de Familia pasado de vueltas (sí, es posible). El tipo hizo una broma sobre violaciones en uno de sus monólogos que no fue del gusto de una de las asistentes, que se lo recriminó. Hasta aquí estoy de parte de Tosh; si te vas a ofender, no vayas a ver a un humorista de esas características. Lo preocupante es la respuesta del tipo, dirigiéndose directamente a la ofendida: “¿No sería divertido que ahora te violaran a ti cinco hombres?”. Entramos aquí en el campo de la humillación, la inteligencia cede protagonismo ante la brutalidad. Terreno pantanoso. Precisamente de eso creo que peca Brickleberry, cuyos gags apestan a la irreverencia impostada y forzada de la que hace gala su creador en sus monólogos. Un tema tan delicado como la violación, a nivel humorístico, requiere una introducción más astuta, sutil y meditada. No por la ofensa que pueda llegar a causar, sino por el resultado cómico que ello conlleva.

El ejemplo perfecto siempre será el del mítico Borat en Da Ali G Show, cuando hablando con un profesor de judo suelta con total parsimonia la siguiente perla: “En Kazajstán las aficiones favoritas de la gente son bailar música disco, el tiro con arco, las violaciones y el tenis de mesa”. Una frase tan brutal como la de Tosh pero ejecutada de forma muy distinta: con gracia, vamos.

“El capítulo “Partial Terms of Endearment” (‘Padre de Familia’) bromeaba sobre el aborto, y la cadena Fox decidió no emitirlo”

Si hablamos de series y humor que se pasa supuestamente de la raya, no podemos dejar de citar a Padre de Familia. Sus episodios son una continua acrobacia por los límites de lo gracioso y podríamos poner mil ejemplos de ello, aunque nos quedaremos con el más representativo de todos. El último capítulo de la octava temporada, de nombre Partial Terms of Endearment, bromeaba sin miramiento alguno sobre el aborto, y eso a Fox no le gustó un pelo. Tanto fue así que de hecho decidió ni emitirlo. Este capítulo, que sí se pudo ver en la británica BBC y posteriormente en DVD, es un gran ejemplo de que los límites del humor también tienen un componente político enorme. Fox, un cadena conservadora donde las haya, no podía permitir bromas sobre el aborto pero no ha puesto nunca objeciones a otros gags de la serie mucho más duros sobre, por ejemplo, el cáncer.

Sin salir de la animación vayamos hasta Los Simpson. Por su tipo de humor, menos corrosivo en líneas generales, no lo compararemos a las animaladas de Padre de Familia; si lo citamos es por la curiosa relación que se ha establecido entre los límites del humor y uno de sus personajes: Ned Flanders. Nacida en Forocoches, esta expresión -“Flanders”- se usa para denominar a esa gente que supuestamente se ofende por todo y que cualquier tipo de humor le parece hiriente. Aquí, debo decir, los defensores del humor negro caen en una grave contradicción. Si a ti nadie te puede decir sobre qué hacer humor y hasta qué límite -con lo que estoy de acuerdo-, tú tampoco deberías poder decir con qué bromas la gente se puede sentir ofendida o no y ponerle un mote descalificativo por ello.

Otro buen ejemplo es la polémica que suscitó en Estados Unidos una escena de un episodio especial de Halloween de The Office donde Michael Scott -o Dios, como lo suelo llamar yo- simula colgarse de una soga para asustar a un grupo de niños. Otra de las muchas subnormaladas con las que nos deleitaba Michael, pero esta tuvo un revuelo muy grande. “¿Cómo se ofenderá alguien por eso? ¡Flanders, Flanders!”, se podría decir. Bien, pues quien se ofendió por esa escena y la denunció públicamente fue la Fundación Americana por la Prevención del Suicidio. No se le puede decir al familiar de una víctima del suicido o alguien cuyo trabajo es la prevención de éste que no se ofenda con esas imágenes de Michael Scott colgando de una soga, haciendo aspavientos y gritos. ¿Traspasó los límites del humor The Office con ese gag? No. ¿Podemos llamarle Flanders a alguien por ofenderse con ese mismo gag? La respuesta, de nuevo, es no.

A riesgo de contradecirme -mejor lo reconozco yo antes que algún lector sabiondo- sí es cierto que hay casos donde la reacciones parecen algo exageradas. Es el caso del capítulo “The Puerto Rican Day de Seinfield, donde el alocado Kramer quema sin querer, mientras fuma, una bandera de Puerto Rico. Todos sabemos que las banderas, por desgracia, siempre generan problemas. Por ese gag, aunque cuando se ve el episodio es evidente la falta de malicia en esa escena, se puso el grito en el cielo, sobre todo la comunidad puertorriqueña de Estados Unidos, como es obvio. Sería más denunciable la visión estereotipada que se muestra en el mismo capítulo de la cultura puertorriqueña que no el hecho de la quema de la bandera en sí, pero ese un tema aparte. Otra realidad a destacar es que “The Puerto Rican Day” es el segundo capítulo de la historia de Seinfield con más audiencia (39 millones de espectadores); la polémica, amigos, es sinónimo de audiencia.

“Te puedes partir la caja viendo sketches de ‘Vaya Semanita’ sobre ETA y a la vez emocionarte leyendo ‘Patria’

Los límites del humor no solo se refieren a bromas de carácter salvaje y despiadado, sino que también puede hablarse de ellos cuando se banalizan temas espinosos. Así sucede con The Secret Diary of Desmond Pfeiffer, una sitcom emitida en 1988 donde un hombre negro, inglés y noble, pierde todo su dinero apostando y acaba ejerciendo de mayordomo de Abraham Lincoln -sí, muy WTF todo-. Las asociaciones de activistas por los derechos de los afroamericanos se quejaron amargamente de la imagen frívola y suave que la serie daba de la esclavitud que tanto dolor produjo durante décadas y décadas a las personas de raza negra. Tiene su punto la queja, no lo niego. Además la serie era una puta mierda, no nos vamos a engañar. Sin embargo, soy de los que opina que te puedes partir la caja viendo sketches de Vaya Semanita sobre ETA -como el del perro etarra o el de la reserva natural de etarras en peligro de extinción- y a la vez emocionarte leyendo Patria, de Fernando Aramburu, palpando el drama humano que supuso los largos años de conflicto en el País Vasco. Hay momentos y plataformas para todo, y no debería ser problema frivolizar un poco o hacer humor a costa de temas jodidos siempre y cuando estos también sean transmitidos y comunicados con toda su crudeza por otros canales.

Mi último ejemplo se trata de una serie para la que el mundo probablemente no estaba aún preparado, motivo por el cual la cancelaron tras emitir su primer capítulo. Hablo de Heil Honey, I’m Home! ¿Habéis visto ese Heil, no? En 1990 los telespectadores británicos quedaron acojonados con el episodio piloto de esta sitcom -como se aprecia a lo largo del artículo, las sitcom son terreno abonado para el humor más brutal- en la que un Adolf Hitler y una Eva Braun, que no se suicidaron es su búnker, viven tranquilamente, como unos ciudadanos de a pie más, en un pisito de Berlín. Sus entrañables vecinos, que les amargarán la vida, son un matrimonio judío. Joder, cómo no iban a ser judíos. Basta con ver la entradilla de la serie para saber que la iban a cancelar más rápido que lo que tarda un futbolista en hacer la declaración de la renta. Eva Braun cocina algo en una paella que se le quema, generando una densa bola de humo que acaba envolviéndola a ella, a Hitler y a los dos vecinos judíos. Toma referencia sutil a las cámaras de gas. Heil Honey, I’m Home! era una chaladura brillante que el mundo no estaba, y no está, preparada por ver aún. Diez episodios más quedaron en el tintero y nunca se emitieron. Una auténtica lástima, y un gran ejemplo de que a veces el humor topa con unas fronteras imaginarias e invisibles que por mucho que se empeñe no se le permiten cruzar.

Dosis de opinión personal bañan todo este artículo, en el que he intentado proporcionar ejemplos suficientes para que cada uno puede formarse la suya. Los límites del humor es un tema con el que hay que mojarse sí o sí; de no hacerlo, se está dando sin querer apoyo a los censores más radicales. Es imposible establecer sobre qué se puede hacer broma y sobre qué no; imposible establecer un tiempo prudente después de una desgracia para empezar a hacer chistes sobre ella; imposible determinar caso por caso si las personas ofendidas por ese gag de humor negro lo han hecho con razón; imposible, en definitiva, delimitar dónde acaba el humor y empieza la ofensa.

Si fuera un tertuliano que presume de orgullosa ignorancia por platós y estudios de radio, ahora diría que es imposible ponerle vallas al monte. Por suerte, soy un tipo raro y sesudo con predilección por metáforas más extremas, y con una de ellas acabaré. Los límites del humor son como estar apunto de echar un polvo y tener dos condones exactamente iguales, indistinguibles, pero sabiendo que uno está caducado y el otro no. Puedes escoger uno al azar y ponértelo si quieres; piscológicamente, y quizá para tu tranquilidad ética, eso sea suficiente. Pero en el fondo, amigo, sabes que la barrera que estás poniendo no garantiza que la mala leche, al final, rompa con todo y se acabe imponiendo.


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