reportaje | Los juicios de la brujería

‘Salem’ y el arte de condenar

Ashley Madekwe y Janet Montgomery Salem serielizados

Después tres temporadas, ha finalizado Salem, la serie que nos propusieron desde el 2014 los guionistas y directores estadounidenses Adam Simon y Brannon Braga. Y si bien parecía que nos íbamos a dar un viaje por aquella situación histórica por la que el poblado de Massachusetts llegó a ser tristemente célebre, lo cierto es que los espectadores hemos llegado al desenlace de la narración con una mezcla de sabores en el paladar. Salem ha terminado porque no se renovaron los contratos para una temporada más y a los realizadores se les pidió, por fortuna con antelación, que hicieran de la tercera temporada la definitiva. Así las cosas, ambos creadores lograron disponer de las fichas para poner el broche final a los rituales, hechizos, maldiciones y persecuciones que capítulo a capítulo dispusieron para sus personajes.

Hablemos de las cosas que hacen más atractiva la vida en Salem. El encanto de este tipo de series está conectado estrechamente con la mirada sobre una época. Sin ser una trama realmente histórica —como se puede pedir de series mucho más meticulosas como Rome, The Tudors o Boardwalk Empire—, Salem se las arreglaba para disponernos una ambientación de la vida en el norte de los Estados Unidos en el siglo diecisiete. Pero aquí no asistimos a los juicios históricos ni mucho menos nos vemos invitados a la consulta de ciertos personajes que atravesaron las enlodadas calles del pueblo. Los creadores se toman con plena libertad la aventura de desarrollar un decorado de las terribles brujas de entonces.

“Las brujas, durante el día, posan de mujeres dignas, y en las noches pueden deshacer el mundo con toda la maldad de que disponen”

Encabezadas por la bellísima Mary Sibley (interpretada por Janet Montgomery), las brujas, durante el día, posan de mujeres dignas, más que decentes, virtuosas, y en las noches, gracias a aquellas virtudes, pueden deshacer el mundo, su vecindario, con toda la maldad de que disponen. Los altares y las atenciones a los demonios aparecen. Estos dan a sus meretrices claridad mental y fuerza a sus acciones. El conocimiento de enrevesadas oraciones y de crueles recetas está aquí ajustado más al plano de la narrativa fantástica que al de la investigación histórica. ¡Ay de quien se atraviese en sus caminos!

Con esas condiciones se establece un marco en el que todo es posible. La realidad se ve surcada por los deseos y ojerizas de las brujas y la historia de la lucha entre el Bien y el Mal se ve configurada en una amplia victoria, continua y cotidiana, del segundo.

 

El teatro cotidiano

Las brujas enseñan cómo señalar. Desde su balcón, casi real, Mary observa a quienes sospechan de ella y de sus virtudes. Así, va labrando sus suplicios, empezando por juzgarlos como portadores de mensajes del cornudo, amantes de sus engaños y acólitos de sus deseos de hacer prevalecer el mal entre los hombres. Son este tipo de enfrentamientos los que muestran a la serie como una de las producciones más teatrales de la reciente cosecha de historias contadas en temporadas televisivas. A mi juicio, la escritura de Salem, en presentación, diálogos y manejos temporales y artísticos, hubiera quedado mucho mejor resuelta como una gran obra teatral. La gestualidad, la pronunciación, hasta el manejo de los susurros y los silencios tienen un gran fundamento dramático que hace que verla pueda resultar un intento por presentar una grabación hecha en cualquiera de los grandes teatros del mundo actual. Con el vestuario y los ajustes artísticos y luminotécnicos apropiados, estoy más que seguro que la adaptación a las tablas puede convertir este guion en uno mucho más exitoso que el alcanzado con su interpretación en la televisión.

poster Salem SerielizadosAunque se dan por satisfactorios los accesorios mismos que hacen que una obra televisiva funcione, como el manejo de los efectos especiales, de las sombras, del sonido, hay un aliento en las actuaciones que hace resaltar el pasado en cuestión como uno en el que los personajes actúan y hablan como personajes de tragedias clásicas, sin lograr tampoco ser eficazmente tragedias. Si la vida cotidiana de las brujas radica en actuar y hacer creer que son damas de nobles intenciones y honrosas maneras, no es menos cierto que cuando se muestran como son, brujas al natural, surge una ejecución teatral casi igual a la primera. Es decir, no hay notables diferencias entre lo que se muestra de día como hipocresía y lo que se ve en la noche como desahogo de sus verdaderas intenciones.

Pero hay que agregar que en medio de este extraño infortunio se destaca la forma de intrigarnos, con su belleza y sus maneras, de las actrices Janet Montgomery (es difícil imaginar otra mujer como ella en el papel protagonista), Elise Eberle, Ashley Madekwe y Tamzin Merchant. La teatralidad que construyen cuando a cada una se le da la oportunidad de ser una bruja desmedida es fuente de los momentos más carismáticos de la historia.

Sobre esto mismo vale la pena resaltar que es una de las series recientes en las que mejor se asienta la lengua inglesa. Al hablar, los personajes, que parecen detenerse en el tiempo mismo del idioma, pronuncian con la calidez de un profesor que quiere que cada palabra sea por completo entendida. Es fácil seguir lo que dicen los personajes en la lengua original de la historia, por si de pronto alguno se interesa en una serie que le ayude a mejorar su listening en la lengua de la que abundan los cursos.

 

La historia de amor

En medio de los señalamientos y persecuciones está uno de los ingredientes ineludibles de los dramas de todas las épocas: la historia de amor. Salem lo hace surgir en varios frentes, empezando sin demora con el centro de la narración: Mary Sibley. Se entiende que ella llegue a la brujería por puro despecho. Abandonada por el amor que partió a la batalla, el guerrero John Alden, Mary se refugia en la brujería como una forma de sintonizar con la amargura de un matrimonio y una vida desencantados. Pero en el principio mismo de la historia Alden regresa para recuperar ese amor y se abre la puerta para que la trama se construya sobre el terreno de un romance apasionado aunque, como en las telenovelas, lleno de obstáculos.

John y Mary Salem serielizados

La relación de John y Mary comienza a darse como uno más de los ingredientes de la vida secreta de Mary y, no obstante la fuerza de esta pasión, de fondo respira el demonio buscando hacerse un lugar en el lecho de la bella mujer. En ella, el cornudo quiere ver la luz de la Tierra para traer, como anticristo, la condenación eterna de la humanidad. En este manejo simbólico, la serie se presenta asentada en las raíces mismas del judeocristianismo para abanicar la imagen de un Satanás que, por sus habituales reglas de seducción, busca presentarse como el gran vengador de la trama divina.

Mary no es solo un nombre popular para la serie, es el nombre por el cual el diablo quiere invertir —transgredir— la llegada de Cristo y, por esta nueva Mary, arribar al mundo. ¿Otra historia de amor? Puede verse así; no obstante, la serie difícilmente logra desprenderse de su ánimo sentimental como para desplazar de su fuerza la historia de amor entre el guerrero y la bruja.

Otras historias de amor similares surgen en el camino. El reverendo Cotton Matter no es ajeno a la fuerza del amor ni al poder las brujas. Tampoco lo ha sido el tesorero y magistrado Wendell Hathorne, quien en los brazos de la bella y joven bruja Mercy Lewis descubre las dichas de la pasión. Sin embargo, estas historias son solo parte de los enredos que las mismas brujas obran para ajustar la historia a sus intenciones. Con ello, es como si la trama de Salem fuera la ejecución de un plan siniestro con firma femenina.

 

La visión de la mujer

Si en la visión apacible del poblado de Salem la mujer ha sido creada para mantener unos oficios menores, sin mayores intervenciones políticas y mucho menos aventuras personales, entonces la serie Salem ha hecho un trabajo de revelación de los poderes ocultos detrás de aquellos “oficio menores”.

“A la larga, tanto las brujas como las mujeres del pueblo hacen de sus hombres títeres”

Mary Sibley está casada con el poderoso George Sibley, un hombre influyente, popular y reconocido como uno de los puritanos fundadores del pueblo. ¿Qué se puede esperar de su esposa? Como todo está labrado por la siempre engañosa apariencia, Mary es simplemente la bella esposa de George y su poder se reduce a lo que él le permita hacer. Supuestamente. A la larga, en la visión que se va desarrollando en la trama, tanto las brujas, como las mujeres del pueblo, hacen de sus hombres títeres. La manipulación y los arrebatos de la pasión hacen que todas las acciones de los hombres estén conectadas con las intenciones macabras de las mujeres. Y si no nos cuesta nada ver a George Sibley sufriendo los enredos de su mujer, lo que nos sorprenderá será descubrir que en la evolución misma de la trama no se salvan de ser fríamente usados John Alden y hasta el mismísimo diablo, encarnado también en un hombre.

Los creadores, Simon y Braga, mantienen el aire mítico que seguramente hizo fundamentales los juicios de Salem y sacan a flote, una vez más, los prejuicios que abonan el terreno de todas las acusaciones humanas. Las mujeres encarnan unos papeles específicos en los que la sensualidad y el pecado lideran los comportamientos que se generan alrededor. Y para darle aún mayor presteza a lo que puede ser ese desarrollo, la aparición en la segunda temporada de la condesa Von Marburg (interpretada por Lucy Lawless) arraiga la condición de la mujer en el centro mismo de las trampas y la oscuridad. En Salem quienes arman la trama y tejen todas las humillaciones son las mujeres. En parte, es como si volviéramos a la lectura de Medea o al tono con el que el mismo Eurípides construyó buena parte de su obra. Y no solo Eurípides, no sobra decirlo. ¿Habrá salvación? Ante los regodeos de la amante, John es solo un torpe guerrero que hace todo por amor.

Es como si hubiera una fascinación por esta forma de ver las cosas, una fascinación que también se traduce en las malvadas figuras de las telenovelas y en los escenarios cotidianos en los que a los problemas en las relaciones aún se conserva siempre el prejuicio que atenta contra lo que la mujer pudo haber hecho o hasta dejado de hacer. Difícil punto en el que la palabra “bruja” parece conceder de inmediato una condición especial en el discurso.

 

La historia de la historia

Los juicios de Salem se dieron cerrando el siglo diecisiete y sobre ellos se ha hecho un amplio trabajo de documentación del que, podemos estar seguros, seguirán fluyendo relatos y tramas. Los casos, como se observa, están plagados de una serie de fenómenos aún muy cercanos a la mentalidad de la humanidad, porque aunque nos enorgullezcamos de racionales, las acciones dejan ver el lado oscuro de nuestros orgullos. Por ello Salem puede resultar atractiva, aunque no logre convencernos del todo de su verdadera fuerza o de lo que podría ser su influencia en los productos que vendrán. Si mira la historia, la toca solo tangencialmente, y si la ubicamos en el plano de la ficción y la fantasía puras, nos quedamos con la cuota de mitología desglosada de lo que son las luchas por el Paraíso que se han dado entre ángeles y demonios.

Finalmente, en el plano de la disposición de los elementos narrativos, Salem se plantea como una serie sencilla en la que el tiempo se ejecuta en una latente continuidad. No hay sobresaltos, salvo cuando por esos destellos de la narrativa fantástica nos vemos sorprendidos por alguna alucinación, sueño o premonición. Es una historia que se narra tal y como estaba presupuestada, sin determinarse a apostar por la posteridad. Es un divertimento en clave de terror en el que muchos directores, sabedores del oficio, han colaborado para mostrar unos chorros de sangre y crueldad. También ha sido el trampolín para que Marilyn Manson muestre su pericia como barbero del pueblo y para que componga una canción, una versión un poco anacrónica sobre hechizos y maldiciones en el cabezote de cada capítulo.

Se despide Salem de las emisiones en la televisión apretando el nudo para lo que podría ser una próxima temporada, y eso, en tiempos en los que tantas series han ido quedando solamente iniciadas, ya es un favor por los que amamos las historias.


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